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FERROCARRIL   SECUNDARIO   DE   GUARDIOLA   A   CASTELLAR   D'EN   HUCH

 


AVISO AL PUBLICO

 

SUSPENSION DEFINITIVA DEL SERVICIO
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              Se pone en conocimiento del público a los efectos oportunos, que a partir del día 15 del mes de Octubre próximo, cesará definitivamente el servicio de Explotación de este Ferrocarril en virtud de lo dispuesto por el Ministerio de Obras Públicas en Decreto Nº. 2.458/1963, de fecha 7 de Septiembre de 1963.

               Por consiguiente, a partir de dicha fecha quedarán totalmente suspendidas las facturaciones de mercancías de o para sus estaciones, así como la expedición de billetes.

LA DIRECCION                                                                 

     BARCELONA, Septiembre de 1963.

 

Casi todos los ferrocarriles secundarios y económicos españoles tuvieron que afrontar con la poca capacidad que les había dejado la postguerra, el aumento del tráfico de circulación rodada, la apuesta del Estado por la mejora de las carreteras y el poco empuje de instituciones y empresas, hicieron que su subsistencia fuer en precario durante los años 60 y también la condena definitiva para su cierre a finales de aquella época.

Eso se pudo observar claramente en las ciudades con el declive de los tranvías y trolebuses y la apuesta por autobuses de combustión interna. Pero en sus diferentes ámbitos, incluso líneas de ferrocarril de vía ancha o normal fueron desapareciendo por no tener los perfiles de servicio que se requería en aquella época. Lo que menos interesaba era, como si lo fue en su día, si eran útiles para el desarrollo de una determinada región o comarca.

La suerte del ferrocarril de Guardiola de Berguedà a Castellar de n'Hug iba muy pareja con la que tuvo la fábrica de cemento, era un ferrocarril industrial, y por tanto si los transportes desde la fábrica o hacia la misma no eran buenos del todo, la descapitalización que aparejaba el tener tantos años los números rojos hizo que el "carrilet" dejara de tener sentido, y además cuando su utilidad decaía por la acción de agentes externos.

El declive del ferrocarril de Guardiola a Castellar se produjo poco después de la Exposición de 1929 de Barcelona, año en que hubo una brutal facturación de cemento, pero la rebaja que se produjo después, la recesión económica y la Guerra Civil hicieron que los números comenzaran a ser rojos después de terminada la guerra, y teniendo que pasar una post-guerra delicada. Pero lo que terminó con el ferrocarril era que el mismo daba muchas dificultades para trabajar, cosa que encarecía mucho el producto final.

También se debe destacar que el tráfico de pasajeros, que aunque fuera un bien público, era testimonial y siempre fue un añadido a la explotación debido a que el precio del billete era reducido, y nunca fue considerado en serio, por eso tenía muy poco peso específico a la hora de definir la política de transporte del tren.

Como se puede ver en la imagen, en la reproducción del rótulo de final de explotación no se habla de Cierre (que es lo que sobreviene externamente) sino de Suspensión (que es más impuesto por la empresa), y es por ello que todo el mundo estaba concienciado de lo que iba a pasar, y en este caso, el ferrocarril de Guardiola a Castellar se dejó a su suerte. Hubo muy pocas personas que intentaran, sin fortuna, impedir el cierre definitivo de la línea, entre ellas el alcalde de La Pobla de Lillet, que veía como volverían a estar MENOS comunicados. Fueron muy pocos los que dieron el adiós definitivo al ferrocarril en su último día de servicio.

Los empleados del ferrocarril no fueron abandonados a su suerte y se les incluyó dentro del trabajo habitual de la fábrica (los que quisieron) o se fueron jubilando. Debido a las diversas veces que la compañia, a mod de advertencia, solicitaba la rescisión de la concesión, los empleados ya sabían que las cosas iban mal y en cualquier momento se suspendería el servicio, además el declive en el transporte de pasajeros desde el año 1957 así lo hizo prever, pero el año 1962 ya fue el definitivo golpe de gracia que los gastos subieran en relación con los inglesos, especialmente las mercancías que no formaban parte de Asland (que decreció poco, aunque iba de bajada) en un 500%.

Por todo esto, la muerte del ferrocarril de Guardiola de Berguedà a Castellar de n'Hug era una muerte anunciada de la que nadie se sorprendió.